temblor del párpado y magnesio

¿Por qué te hinchas aunque comas «bien»? (Y no, no es solo lo que comes)

Desayunas saludable. Comes equilibrado. Cenas ligero. Vamos, que todo correcto.

Y a media tarde tu abdomen parece otro. Vamos, que te ha salido un embarazo de 5 meses al cabo de solo unas horas.

Presión. Hinchazón. El pantalón aprieta. Te notas pesada sin haber comido nada raro. Y lo primero que piensas es: «Algo estoy comiendo mal.»

A veces sí.

Pero muchas veces, no.

Porque la hinchazón abdominal no siempre es un problema de comida. A veces es un problema de contexto. Y ese matiz lo cambia todo.

El intestino no funciona aislado

El intestino no es solo un tubo que digiere.

El intestino tiene su propia red neuronal. Más de 500 millones de neuronas conectadas de forma permanente con el cerebro a través del nervio vago. Una autopista de información que va en las dos direcciones, constantemente.

Cuando el cerebro interpreta amenaza, el intestino lo sabe antes de que tú lo proceses. Y responde. Puede alterar la motilidad, aumentar la sensibilidad, modificar la microbiota, cambiar la permeabilidad intestinal.

Qué narices comes importa. Pero cómo está tu cuerpo cuando comes importa igual o más.

Estrés y digestión no son compatibles. Nunca.

Para digerir bien necesitas el sistema parasimpático activo. El modo reparación. El modo calma.

Si comes rápido, con el móvil, contestando mensajes, pensando en lo que tienes pendiente o tragando con la tensión de una conversación que no has terminado de procesar… tu cuerpo no está en modo digestión.

Está en modo vigilancia.

Y en modo vigilancia, la digestión se vuelve torpe. Aparecen gases, distensión, sensación de presión, digestión lenta. Y da igual si solo te has comido un pequeño trozo de pollo a la plancha con espinacas.

Acabas hinchada como un pez globo.

El abdomen como zona de impacto emocional

El abdomen es especialmente sensible a los estados emocionales sostenidos.

Conflictos no resueltos. Tensión contenida. Autoexigencia constante. Miedo a confrontar lo que llevas semanas tragando sin decir. A tener esa discusión que llevas posponiendo. Ves por dónde voy, ¿verdad?

Todo eso mantiene activado el eje intestino-cerebro. Y cuando ese eje vive en hiperactivación crónica, la hinchazón aparece incluso con una dieta impecable.

Hay algo más que merece atención aquí. Cuando el sistema nervioso está sensibilizado, el intestino se vuelve hipersensible. Alimentos que antes tolerabas sin problema empiezan a molestarte. 

El terreno está inflamado, y un intestino en alerta responde de más. Igual que un cuello contracturado duele con cualquier movimiento, aunque sea mínimo.

Investigaciones sobre el síndrome de intestino irritable —entre ellas las del grupo de Emeran Mayer, uno de los referentes mundiales en el eje intestino-cerebro— muestran consistentemente que la activación del sistema nervioso autónomo altera la motilidad intestinal, la sensibilidad visceral y la composición de la microbiota. 

Barriga inflamada = cerebro inflamado. 

O lo que es lo mismo: el estado de tu intestino influye directamente en lo que piensas, en cómo te sientes y en cómo respondes al mundo. 

Sé que puede sonar exagerado. Pero es muy fácil de comprobar. 

En mi libro Tu primer cerebro no está en tu cabeza —un libro que debería haberse titulado «tu mierda es tuya y la mía es mía», pero me cancelaron el nombre— explico exactamente cómo funciona este mecanismo y qué puedes hacer con esa información.

Tu intestino no solo digiere comida.

Digiere contexto, tu día a día, tus situaciones de “mierda” y los problemas que intentas esconder debajo de la alfombra.

Lo que no se resuelve hablando, el cuerpo lo intenta resolver hinchándose

Revisar la alimentación es necesario. No lo voy a negar.

Pero si llevas meses ajustando la dieta sin ver resultados, quizás la pregunta no es qué alimento eliminar. Quizás la pregunta es qué situación llevas semanas intentando digerir sin resolverla.

Comer sentada. Sin pantallas. Respirar antes de empezar. No usar la comida como única pausa del día. Darle al sistema nervioso señales reales de que no hay amenaza.

El intestino responde a seguridad. Y la seguridad no viene solo del plato.

Así que antes de eliminar el gluten, el lácteo o la legumbre de turno, pregúntate: ¿qué está intentando digerir tu cuerpo que no tiene nada que ver con lo que comes?

A veces la hinchazón no es un error.

Es una señal de que algo dentro aún no está del todo resuelto.

Si te hinchas aunque comas bien, me interesa saber algo:

¿Notas que empeora en determinadas épocas?
¿Coincide con momentos de más presión o conflicto?

Te leo en comentarios.

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